El lugar sin límites, 1978
Arturo Ripstein
México

¿Por qué la elección?
El microcosmos de Estación El Olivo es un lugar sin límites espaciales; refleja un macrocosmos global, un pueblo-mundo acechado por el descuido y la avaricia de unos pocos y en el que siempre son los mismos los que sufren las consecuencias. Y es un lugar sin límites temporales, ya que sus tragedias pasan la prueba del tiempo y entrelazan generaciones.
Basada en la novela homónima del escritor chileno José Donoso, en El lugar sin límites somos espectadores de la vida de Manuela, una prostituta travesti que junto con su hija dirige el prostíbulo. La casa que habitan está derruida y sin luz, como el resto del pueblo, pero los colores, guirnaldas, flores y la música dan vida a un espacio estéril. Manuela vive aterrada. Tiene miedo de que Pancho vuelva al prostíbulo y la lastime, como tantas otras veces lo ha hecho. Aún así, parece tener una fascinación por él. El deseo y la atracción por Pancho conviven con su miedo. Su vida parece ser la constante batalla entre el deseo de expresarse con libertad, bailar y habitar su sexualidad, y la preocupación por su integridad, que puede ser vulnerada en cualquier momento.
Ripstein nos adentra en la cruda lucha por la supervivencia de un pueblo y sus habitantes pauperizados. Las promesas de ascensión, de cuidado y mejoría son vacías, el futuro parece cargar esperanza, pero la desconexión, la marginalidad y la violencia terminan por arrasarlo todo. Prostitutas en un pueblo olvidado, comandado por un diputado corrupto, dependen como peones de un latifundista que con todos tiene tratos, mueve hilos y los maneja a su antojo. La masculinidad en su versión más tóxica; hecha de machismo, homofobia y corrupción, abunda en Estación El Olivo, ese lugar de siempre, ese lugar de todas partes.
Ficha técnica