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  • La casa de la fuerza, 2009

    Angélica Liddell

    España

    ¿Por qué la elección?

    Una de las paradojas del arte es que puede embellecer y sublimar todo lo que en la vida se experimenta con horror; todo lo cruel, lo abyecto, lo ominoso. Se trata, por supuesto, de un arma de doble filo: su peligro radica en que se inviertan los valores al punto de romantizar la atrocidad, o en olvidar que lo horroroso no deja de serlo por atravesar el tamiz de la poesía.

    La dramaturga, directora, actriz y poeta española Angélica Liddell (1966) explora con crudeza esta contradicción en su obra La casa de la fuerza, tomando como referencia la cultura popular mexicana y especialmente la música ranchera, ejemplo paradigmático del equilibrio siniestro entre belleza y terror. Aquí se ponen en juego las dos caras de la moneda: de un lado, la intensa representación del amor romántico plasmada en las canciones mexicanas, que aun siendo hermosas normalizan la violencia de los amantes. Del otro lado, el telón de fondo de dicha música: el norte de México, escenario de una masacre interminable y muy concreta, expresión de realidad de aquellas canciones en las que el amor y la muerte van de la mano, protagonizadas por hombres que prefieren ver muertas a las mujeres antes que imaginarlas sin ellos.

    Entendiendo la distancia socioeconómica que la separa de aquella realidad, consciente de un bienestar mayor (pero no absoluto) como ciudadana del norte global, Liddell contrapone la ambigüedad mexicana a la hipocresía europea, que se complace con discursos humanistas y, al mismo tiempo, perpetúa la desigualdad en todos los niveles: las intérpretes de la obra son, pues, mujeres europeas interpretando a hombres para quienes “los feminicidios en México” son un tema tan vago y tan general como cualquier otro; mujeres que cantan rancheras y sufren por amor, intuyendo apenas que existe un vínculo entre su humillación y la violencia que cercena la vida de otras mujeres en otras latitudes. Ese hilo invisible que hermana el dolor y la rabia es la casa simbólica que enuncia el título de la obra.

    Ficha técnica

    “Mi mierda es de color rosa.
    Son deposiciones simples y rosas.
    Deposiciones de soldado feliz,
    alumbrado por las estrellas.
    No de soldado que se bebe una botella de lejía.
    De soldado feliz.
    ¿Querías verme infeliz?
    Te jodes. Soy feliz.
    ¿Querías verme llorar en los bosques?
    Te jodes.
    Yo entro en los bosques para quemar los bosques.
    ¿Querías verme triste?
    Te jodes.
    Orino gasolina encima de la tristeza.
    ¿Querías verme sufrir por amor?
    Te jodes. No amo. No sufro.
    Y además les doy por culo a las tías que sufren por amor.
    Así que venga,
    bésame el culo.
    Chupa el agujero de mi egoísmo.
    Mi egoísmo es rosa purísimo.
    Gracias al egoísmo pienso en ti todo el rato para joderte todo el rato.
    Te insulto por tu bien.
    Una buena hostia a tiempo.
    A la gente a la que quiero
    le doy una buena hostia a tiempo.
    Soy el amor del lobo por las ovejas.”

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