Emma Kunz, una adelantada colosal e inclasificable
Ensayo
por María Iovino

Tiempos como el presente, en los que ocurren radicales ampliaciones de perspectiva, suelen ser también momentos de reconsideraciones y de recuperaciones históricas. En situaciones de cambio recobran importancia propuestas del pasado, que resuenan con las novedades de la investigación y que fueron ocultadas, olvidadas o relegadas por las ideologías que los nuevos conocimientos contradicen o que exigen superar. No son pocas las personalidades de las ciencias que han insistido en que la magnitud de las transformaciones que han testimoniado el final del siglo XX y el comienzo del XXI no tiene antecedentes en la historia humana, lo cual por supuesto ha venido de la mano de una vuelta al escenario de un muy diciente número de obras y de propuestas autorales y culturales en los más diversos campos del conocimiento, que no cesan de destapar sorpresas. Entre otras cuestiones, se han comenzado a revelar visiones potentes que de tiempo atrás señalaron un universo muchísimo más vasto, diverso, abstracto y complejo del que se ha observado y concebido hasta hace pocas décadas -o incluso hasta hace pocos años- y que ya daba noticias del comportamiento cuántico.
Debido a la naturaleza múltiple y reivindicativa de algunos de los enfoques que hoy contribuyen a ampliar la comprensión de lo real, entre las recuperaciones recientes abundan naturalmente obras femeninas junto con visiones integrales u holísticas de autores o de culturas y de tradiciones ancestrales. Se han hecho notorios también, postulados filosóficos o físicos que penetran en lo pulviscular o en lo invisible y que han tenido origen en el ámbito de lo espiritual y/o de lo natural en muchos casos.
Uno de los ejemplos más abarcadores sobre los lugares hacia los cuales apuntan estas relecturas lo podría constituir el trabajo de la sanadora Emma Kunz (1892, Brittau, Suiza – 1963, Wallstad, Suiza). De formación autodidacta, Emma Kunz llegó a la sanación de manera temprana y guiada básicamente por su desarrollada sensibilidad hacia la naturaleza y por la concentrada observación con la que buscaba conocer sus leyes y comportamientos. Su inclinación espiritual y su voluntad de servicio nacieron y se fortalecieron en la comunión que tuvo con el entorno de los lugares en los que habitó y en los que desarrolló su importante legado. Más de 400 dibujos, que en su mayoría preservan sus herederos, registran un conocimiento adelantado sobre la información que se puede descifrar en los campos electromagnéticos en relación con la armonía o desarmonía que incide en la salud humana y en la del planeta en general.
Por tratarse precisamente de dibujos en los que se reconoce una impactante amplitud de versiones de la armonía y de la belleza, el legado de Emma Kunz ha sido incluido en primera instancia en el mundo del arte, el cual ha comenzado a posicionar a la sanadora entre las pioneras más sólidas de la creación abstracto geométrica. No obstante, es claro que Emma Kunz no trabajó para el mundo del arte ni tuvo con él relación alguna. Se reconocía a sí misma como sanadora e investigadora, lo cual evidentemente da cuenta de que trabajaba para profundizar en sus inquietudes en sanación y para nutrir sus respuestas sobre equilibrio energético. El trabajo que desarrolló es clara expresión de que fue consciente de su capacidad visionaria, aspecto que refuerza el hecho de que ella, como lo hicieron otros adelantados de su generación, advirtieron a sus herederos que su legado no cobraría sentido hasta el siglo XXI y por tanto debería permanecer guardado hasta que se presentara el momento indicado. Aunque no dejó determinación alguna acerca del campo en el que debería abrirse paso la información que codificó, el del arte ha supuesto un muy buen comienzo. No porque la misión de Emma Kunz se hubiera concentrado en la sanación se podría dejar de apreciar que las imágenes que produjo son auténticas joyas de la expresión abstracta.
Emma Kunz perteneció a una generación de visionarios y sobre todo de visionarias, que como tales ganaron un importante reconocimiento en sus contextos, al punto que aprovecharon su poder, popularidad y estatus para organizar y fortalecer agrupaciones (en las que hubo médiums, canalizadoras, videntes, artistas, sanadoras y espiritistas), de las que nació la primera aspiración femenina al sufragio en distintos países de Europa y en los Estados Unidos. No se conocen indicios que lleven a suponer que Emma Kunz propugnara por los derechos políticos de la mujer o por cuestiones de género similares, como hace poco se sabe que sí ocurrió en el caso de otras artistas visionarias, entre ellas Hilma af Klint, la más estudiada y conocida hasta el momento.
Los datos biográficos con los que se cuenta para apoyar la interpretación del legado de Emma Kunz son escasos y, por tanto, las investigaciones que se han centrado en su producción han acudido a testimonios de familiares y de personas ligadas de alguna manera a su trabajo y a su vida en los lugares en los que habitó. A partir de ellos se ha confirmado que sus tratamientos e intervenciones gozaron de notoriedad dado sus éxitos, inclusive en casos extremos de poliomelitis, enfermedad que proliferó en sus años de actividad. Con base en la información que se ha logrado recuperar se ha concluido que Emma Kunz fue una mujer empoderada en su rol. De su confianza propia y de la profundidad de su trabajo también dan testimonio dos auto publicaciones: Los milagros revelados de la creación (1953) y Nuevos métodos de dibujo (1953), hoy difundidas por el centro que se dedica a la conservación y difusión de su obra y que lleva su nombre, Wurenlos, Suiza. El mismo centro continúa valorando y difundiendo el uso sanador AION A, la arcilla que extrajo de la gruta a la que llevaba a algunos de sus pacientes en Wurenlos, debido a que había percibido en ella vibraciones rearmonizadoras y por lo mismo, sanadoras.
El único instrumento del que se valió Emma Kunz para para medir los campos electromagnéticos y para sanar a sus pacientes fue el péndulo que ella diseñó. Este también fue el aliado que acompañó la elaboración de sus dibujos, confirmando los hallazgos que le mostraba su percepción ampliada. Sus conocimientos y visiones en materia de resonancias y correspondencias energéticas basamentaron sus decisiones de organización formal y colorística y, en esa medida, estos constituyen ampliaciones investigativas que ofrecen información sobre los aspectos energéticos que apreciaba en sus pacientes. Aunque Emma Kunz no escribió ni dejó guía alguna sobre lo que ellos representan o a qué tipo de situaciones corresponden, de cualquier manera son la más valiosa fuente para evaluar o interpretar la magnitud de su percepción, de sus búsquedas y hallazgos. Se ha mencionado insistentemente el hecho de que su aguda conexión con el entorno le permitió pronosticar el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial -como también sucedió con Carl Jung- y que con su poder de comprensión y con su péndulo trató de neutralizar la pulsión destructiva de Adolph Hitler. Existe memoria acerca de que ese propósito la sobrepasó y afectó temporalmente su salud.
A pesar de la indiscutible originalidad del legado de Emma Kunz éste se puede leer también dentro de un conjunto de sucesos ocurridos en un contexto temporal y local. El interés por el espiritismo, por los mundos ocultos, por las visiones ampliadas, por las opciones místicas y por rituales prohibidos no dejó nunca de representar un fuerte interés para muchos. En el siglo XVIII Anton Mesmer, valiéndose también de un péndulo y de la fuerza sanadora de sus manos recorrió varios países de Europa en los que causó conmoción, mientras reanimó inquietudes diversas por el más allá y por la naturaleza innombrada y desconocida. En contra de las acusaciones y condenas con las que se le obstaculizó, Mesmer movilizó seguidores, sobre todo entre grupos de mujeres, a las cuales simplistamente se trató de descalificar estigmatizándolas como histéricas.
El Mesmerismo se hibridó con otras búsquedas y corrió por otros caminos, muchos de los cuales arribaron en el inicio del siglo XX al territorio teosófico, en el que la mística rusa Helena Blavatsky (una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica) sigue siendo hasta hoy una referencia monumental. Su investigación y la potencia de sus señalamientos influyeron artistas decisivos de las vanguardias, entre los cuales nunca se puede dejar de nombrar a Vassily Kandinsky, a Paul Klee, a Piet Mondrian o a Vaslav Nijisnky entre muchos más. Antes, el entusiasmo místico ya había determinado la creación de imágenes de grupos creativos como el liderado por William Morris en Inglaterra. La conexión con el ocultismo en los siglos XVIII, XIX y XX ha quedado registrada en un sin número de documentos y de obras trascendentales, entre las que se encuentra el trabajo capital de León Tolstoy, La guerra y la paz.
En un paso reductivo por nombres determinantes de los primeros años del siglo XX es indispensable mencionar también a Rudoplh Steiner, quien fue presidente de la sección alemana de la Sociedad Teosófica y luego fundador de la Antroposofía y de las escuelas Waldorf. Steiner, quien también fue pintor y poeta, mantuvo un diálogo cercano con muchos artistas que siguieron lineamientos espirituales, entre los cuales hoy se destaca a Hilma af Klint. Así mismo Steiner fue uno de los invitados de mérito a las conferencias y diálogos de la Fundación Eranos, creada en Suiza por la artista, mística y erudita Olga Froebe. A la lucidez de esta mujer se debe la publicación de textos tempranos y memorables de personalidades como el mismo Steiner, Carl Jung, Mircea Eliade o Richard Wilhem, que nacieron en las conferencias de verano de la Fundación Eranos, Ascona Suiza. Bajo en el influjo de la teosofía Froebe publicó además los primeros textos con pinturas abstractas de su autoría en 1901. Se supone que estos influyeron hondamente en la obra de las personalidades artísticas más renombradas del inicio del siglo XX.
Es decir que la reflexión de Emma Kunz maduró en el mismo período en el que se hizo adulta una gigantesca revolución espiritual y sensorial, que entendió más que necesaria una alianza con las ciencias y sobre todo con sus descubrimientos vanguardistas. Esta acertada comprensión sigue creciendo y encontrando estudiosos que podrían detectar afinidades entre los recientes anuncios en física y en mecánica cuántica y los planteamientos energéticos y luminosos de Emma Kunz o de otros artistas ya muy estudiados, como el propio Kandinsky. Las artes no han contado con la instrumentación suficiente para descifrar asuntos del mundo no visible al que creadores de este orden le ofrecieron un rostro o una identidad. Con el apoyo de las nuevas herramientas de las ciencias las recuperaciones y revelaciones acerca de los grandes enunciados místicos podrían estar apenas comenzando.
De igual manera ha iniciado el desenvolvimiento de estudios comparativos entre la obra de Emma Kunz y la producción ancestral mística que graficó en mandalas y en otras figuras similares la organización y el movimiento de la energía. En este sentido habría muchos planteamientos por desarrollar con las imágenes aportadas por las culturas originarias y tradicionales de América. Estas también han concretado su visión del mundo en imágenes abstractas en las que se comprende lo existente como manifestación mística y energética. Como lo explica para el amplio público el director del Instituto Max Plank de óptica cuántica, Juan Ignacio Cirac, llamamos incierto e indeterminable a lo que no alcanzamos a ver y a medir porque aún no contamos con el desarrollo e instrumentación adecuados para hacerlo. Cuando esa instrumentación existe la incertidumbre desaparece.